sábado, 16 de septiembre de 2017

Ten years ago

Recuerdo aquel día de hace 10 años como si fuera ayer. Debería ahora acompañar esta bonita frase inicial de mirada al pasado con otra emotiva que arranque sonrisas y lágrimas a quienes me leen sabiendo de qué va esta historia, pero es que, sinceramente, el 16 de septiembre de hace 10 años fue una completa mierda. Ni empezó bien el día, pues los nervios y las despedidas en el aeropuerto me pusieron en tensión, ni acabó maravillosamente, ya que estaba exhausta de tantas horas estresantes y ni siquiera pude descansar en la tranquilidad de mi habitación o mi cama. Ahora seré breve, pero podéis leer todo lujo de detalles de lo ocurrido en mi primer día en Irlanda en el post que hay justo debajo de este.

Como sabéis, tras las muchas horas de viaje y de ir cargando maletas para arriba y para abajo, llegué a mi habitación dentro del campus y no quería hacer otra cosa más que colocar las sábanas limpias en la cama y echarme a descansar hasta el infinito y más allá. Me dolía todo de ir cargada de maletas y, sobretodo, de haber tenido que arrastrar de mala manera la maleta más grande y más pesada porque se me había roto. Pero tal ansiado y merecido descanso nunca pudo ser porque nada más entrar al baño (que estaba dentro de mi habitación) cientos y cientos de mosquitos me dieron la bienvenida y se colaron por toda la habitación. Mi primera compra esa misma tarde sería un bote de insecticida que rocié por toda la habitación, lo cual me obligaría a tener que subir la mierda de colchón que tenía al apartamento de mi amiga Lucía y dormir allí esa primera noche en el suelo de su habitación. Sí, dormí acompañada y eso al menos sí fue bueno, pero entre los dolores físicos, el bajón anímico y los problemas inesperados no estaba siendo aquello como yo había imaginado. Fue una mierda. Os cuento esto porque justo esta semana me acordé de todo ello y no fue precisamente porque sabía que se acercaba el décimo aniversario. 

Veréis, la semana pasada decidí alquilarme para mí sola un piso en la ciudad donde voy a trabajar durante este nuevo curso escolar. Por primera vez en mi vida experimenté un nuevo tipo de miedo, una sensación vertiginosa que mezclaba nervios, incredulidad, estrés y responsabilidad hacia algo desconocido que cambiará mi vida. El caso es que me mudé oficialmente hace unos días, encima fue justo el día en el que comenzaba las clases por la tarde. Vamos, que se me iban a juntar los nervios del primer día de trabajo con los del primer día de vivir sola, así que imaginaos cómo estaba. 

Bien temprano por la mañana cargué yo sola el coche y me fui a mi nueva ciudad, pero no pude llegar tranquilamente al piso e instalarme comodamente. Surgieron un sinfín de inconvenientes, tuve que ir a hacer varios trámites a otros lugares antes y encima cuando llegué a mi nuevo barrio di mil vueltas para encontrar aparcamiento y no lo encontré. Al final decidí parar en la zona de taxis de mala manera, poner las luces de emergencia y al menos descargar el coche para subir las cosas al piso. Iba a ser llegar, abrir la puerta y lanzar las cosas dentro para bajar lo antes posible a mover el coche porque corría el riesgo de enfadar a alguien. El plan podría haber funcionado, sin embargo hubo un pequeño problema: me estaba meando y no me podía aguantar. En realidad el problema en sí no era ir al baño, pues mi parada técnica iba a ser más rápida que cuando entra un coche de Fórmula 1 en boxes durante una carrera, sino que el hecho de parar hizo que justo al salir del baño me encontrara cara a cara con una cucaracha que cambió mi día para siempre.

¡No me lo podía creer! Justo cuando más prisa y más estrés tenía encima, ahí estaba ella para darme la bienvenida. Nos quedamos quietas, mirándonos la una a la otra, y entonces me di cuenta. De nada serviría gritar, nadie iba a venir a ayudarme, a quitármela de enmedio; tenía que ser yo la que hiciera algo y tenía que ser ya porque de lo contrario la situación se me iba a escapar de las manos como sucedió en Irlanda. En cuestión de milésimas de segundo me quité la zapatilla y la aplasté de un golpe. Me vine tan arriba que perdí dos minutos más en rocíar toda la casa con insecticida, pues cuando volviera más tarde quería de verdad descansar y relajarme porque por la tarde tendría las primeras clases. No leáis lo que sigue en este párrafo porque le voy a meter palabrotas para resaltar aun más esa autoproclamación de la república independiente de mi casa. Y es que era mi jodida casa, y aunque estaba en un aparente barrio asqueroso donde no hay ni un puto aparcamiento, una cucaracha de mierda no me iba a joder aun más la mañana ni los planes de independencia. La nueva Míriam había aterrizado en el vecindario.

Dada mi súbita comprensión de que estar sola en un sitio desconocido no me hacía más vulnerable sino más fuerte, me acordé de mi aparatosa llegada a Irlanda y fue inevitable pensar en los mosquitos. La cucaracha podía haber supuesto mi derrumbe en ese estresante día como antes lo habían sido los mosquitos, pero yo ya no era aquella miedosa Míriam que se fue a Irlanda. Esa persona nunca regresó a España, en su lugar volvió una Míriam nueva y más fuerte que se ha ido moldeando durante estos 10 años. Ya que hablo de insectos voy a usar el ejemplo del gusano y la mariposa. Pues sí, por así decirlo mi tiempo en Irlanda fue mi tiempo envuelta dentro del capullo para dar lugar a una mariposa. Y sí, mala idea de ejempo y por Dios bendito voy a dejarlo ya o vamos todos a vomitar arcoiris. Pilláis lo que quiero decir, ¿no? Pues eso, que Irlanda me cambió y por tanto cambió tooooodo el rumbo de mi vida, dando lugar a la Míriam que he llegado a ser hoy, la que decide zanjar el problema de la cucaracha inmediatamente y no deja que le invada la casa como sucedió con aquellos mosquitos.

Lo hemos hablado miles de veces y aun así no podemos evitar que la piel se nos ponga de gallina al pensar que NADA de lo que somos ahora y de lo que hemos conseguido habría sido posible o igual de no haber ido a Irlanda y no habernos conocido. Sí, así lo creo. En mi caso probablemente habría seguido el mismo camino en los estudios y me habría convertido en profesora, pero estaría a años luz de la profesora que soy ahora. Mi enorme timidez, inmadurez y encierro en mí misma habrían seguido estando. Pero como Irlanda me dio la oportunidad de abrirme más a la gente, de aprender a socializar (¡ja! ¡como si ahora fuera toda una relaciones públicas y reina del cotarro! NO) y de madurar (¿seguro? las tonterías que hago en la actualidad distan mucho de una persona sensata y madura) pues creo que me ha ido mucho mejor y me he convertido en alguien que jamás habría imaginado ser capaz de ser. ¡Madre mía! ¿Alguien se ha enterado de algo? porque yo no. Son las horas que son, que he remoloneado todo el día, se me ha olvidado escribir esto y ahora voy a todo trapo escribiendo como el culo porque no quiero que lleguen las 12 de la noche y se pase el 16 de septiembre. ¡Tengo que publicarlo hoy, no mañana! Así que ni me voy a molestar en leer la mierda de párrafo que he escrito, ha quedado claro que Irlanda me cambió muuuchísimo y que no creo que mi vida actual fuera la misma si no hubiera experimentado ese gran cambio.¡Siguiente idea!

Pues la siguiente idea es que sin Irlanda tampoco habría conocido a ciertas personas y tampoco nada habría sido igual. A algunas llevo años sin verlas o incluso sin hablar con ellas a pesar de tenerlas en mis redes sociales, pero ya pueden pasar diez años más que estoy segura de que al reencontrarnos seguiríamos teniendo la misma confianza y hablaríamos como si no hubiera pasado el tiempo entre nosotros. La magia del Erasmus dicen y ¡vaya si es verdad! Chic@s, sabéis muy bien el papel que hemos jugado todos en esta historia que son cada una de nuestras vidas, reescritas en Maynooth. No nos vamos a cansar nunca de contar las mismas anécdotas o vivencias, lo que experimentamos en determinados momentos, nuestras primeras impresiones de los demás el primer día que nos conocimos. Ya que me dirijo a todos vosotros más explícitamente en este párrafo, espero de verdad que podamos reunirnos todos en Maynooth en 2018, que aunque el canario nos haya fastidiado lo bonito que habría podido quedar el reencuentro en 2017 porque él no llegó hasta el segundo semestre y bla bla bla, va a ser bonito igual. En fin, para volver a lo que decía, ¡gracias Irlanda 2007-2008 por existir!

¡Quince minutos para la medianoche! Me siento como en Nochevieja preparando las uvas deprisa y corriendo a última hora. Yo quería que me quedara algo bonito y profundo y no hago más que repetirme o interrumpirme. Ya ni sé por qué hablaba de mosquitos y cucarachas. ¡Ah, sí! Pues porque si no ha quedado claro, de no haber sido por el Erasmus, la Míriam de ahora para empezar no se habría ido a vivir sola lejos de casa y en caso de haberlo hecho se habría puesto a llorar de miedo e impotencia al ver a esa cucaracha, la cual se le habría escapado por no haber estado rápida y decidida a quitarse la zapatilla y acercarla a esa criatura del averno. O quizá me estoy equivocando por completo y otras cosas me habrían hecho crecer y madurar durante estos diez años y sí me habría hecho la profesional como un pino que soy ahora. Incluso, ¿quién sabe? lo mismo habría sido mucho más madura, resuelta e independiente. Quizá habría conocido a otras personas, estaría casada, con hijos, sería millonaria, habría viajado por otros lugares del mundo... Nunca lo sabré, pero es que no quiero saberlo, no quiero ver ese "what if" de mi vida porque lo que tengo ahora es maravilloso. Me gusta pensar que Irlanda y todas esas personas que conocí allí me cambiaron, que mi vida es así de maravillosa gracias a ello y que el rumbo que sigo ahora me fue dado allí y es lo que tiene que ser. Y como quedan 5 minutos para la medianoche y está clarísimo que desde hace rato estamos todos vomitando arcoiris de lo mal que me ha salido este post desde casi el principio, me callo y lo publico.

¡Gracias Erasmus 2017 por existir!

jueves, 16 de septiembre de 2010

Three years ago...

No puedo evitar emocionarme mientras leo aquel primer post que escribí en este blog desde Irlanda, contando todo lo que ocurrió aquel 16 de septiembre de 2007 cuando aterricé en un sitio por aquel entonces desconocido para mí y sintiéndome triste por haber dejado tantas cosas atrás. Hoy hace ya tres años de todo aquello y miro al pasado con nostalgia, con tristeza porque todo aquello acabó, con alegría al recordar los buenos momentos... ¡Fueron tantas cosas! Todas ellas quedan grabadas en mi memoria como imágenes que poder contemplar una y otra vez para sumergirme en el recuerdo. Pero lo más importante de aquel tiempo han sido las personas, gente con la que el tiempo parece que no ha pasado nunca. Pueden haber transcurrido meses e incluso años sin vernos, pero hablamos como si aun siguiéramos allí, como si sólo hubieran pasado minutos o incluso horas desde la última vez que nos vimos. Eso sí es una maravilla. Y es hoy, tres años después, cuando mi mente me pasa esas imágenes como si de diapositivas se tratase y mi corazón añora a esos amigos.

Era un domingo. Nuestro avión salía por la mañana. Éramos 3 las que salíamos de Alicante: Myriam, Lucía y una servidora. Lucía y yo éramos compañeras y amigas de la universidad. Nos conocíamos un poco más, pero con la otra chica apenas habíamos tratado. Prácticamente éramos unas desconocidas viajando juntas al mismo sitio. El viaje hasta llegar a nuestros nuevos hogares iba a tardar aun bastantes horas, así que empezamos a hablar las 3 para conocernos un poco más. Bastaron unos pocos minutos para darnos cuenta de que íbamos a ser buenas amigas y de que la estancia allí iba a ser un poco más agradable sabiendo que por lo menos podíamos contar con alguien. Y es que era bastante duro dejarlo todo y emprender una nueva vida en un lugar desconocido y en un ambiente completamente nuevo.

Dos horas y media de vuelo. Por fin habíamos llegado a Irlanda. Recogimos nuestras maletas que, a juzgar por su gran tamaño y su aun más enorme peso, contenían nuestra vida entera y aquello de llevar nuestra casa a cuestas se hizo un tanto eterno, sobretodo para mí, que partí en dos el hierro por el que asía la maleta para moverla con las ruedas y prácticamente desde el aeropuerto fui arrastrándola por el suelo dejándome sudor y lágrimas en ello.

Una hora para llegar a Dublin en un autobus en el que tuvimos que viajar de pie.

Una hora esperando en Conolly Station a que saliera el tren a nuestro pueblo, Maynooth. No nos vino del todo mal, pues aprovechamos para comer tranquilamente los bocadillos que traíamos de casa.

Una hora de tren hasta llegar a nuestro pueblo. Por fin un asiento cómodo donde poder descansar un poco y apaciguar esos nervios que nos acompañaban desde primera hora del día.

Por fin llegamos a Maynooth, nuestro querido pueblo. Esperad! no contéis aun las horas que duró el trayecto, que aun no he acabado. Todavía nos quedaba llegar al campus universitario y creedme, nos llevó un buen rato hacer un camino que en cualquier otro momento posterior haríamos en 10-15 minutos. En aquel momento ese corto trayecto se nos hizo muy pesado, sobretodo para mí (recordad que iba arrastrando malamente la maleta y mis brazos a esas horas no daban para más).

Cuarenta y cinco minutos de reloj, que se dice bien pronto, pero qué tortuosos fueron. En tres cuartos de hora ya estábamos recogiendo las llaves para ir a nuestros respectivos apartamentos. Qué ganas tenía de llegar y tumbarme en mi cama, de quitarme las zapatillas, de darme una buena ducha y cambiarme de ropa. Hasta aquí lo he contado todo de forma muy poética, pero agarraos, que viene la parte más surrealista de mi historia. Viene mi batallita, esa historia que recordaré siempre y que no pararé de contar una y otra vez a quien la quiera escuchar. Una historia que poder contar a mis nietos, como se suele decir. Pero antes de comenzarla, he de poneros en situación. Ya podéis contar las horas.

Vamos a ver, he dicho dos y media del avión, una del bus, una esperando el tren, otra más en el tren y 45 minutos para llegar al campus andando. Eso hacen un total de 6 horas y cuarto! Imaginaos el cansancio que arrastraba (además de la maleta del demonio). Muy bien, ya os podéis hacer una idea de cúanto deseaba meterme en mi cuarto y descansar. Allá voy con mi historia.

Me acababan de dar la llave de mi apartamento. Me despedí de las chicas y quedamos en vernos un rato más tarde. Foyle 3E. Esa era mi nueva dirección. Entré en el apartamento y busqué la habitación E. Era justo la que había al entrar. Introduje la llave en la cerradura y abrí. Ya había visto unas pocas fotos de las habitaciones en internet, pero la sensación que tuve al ver la que sería mi habitación durante casi 10 meses fue indescriptible. Aquél era MI espacio. Dejé caer la maleta al suelo y demás bártulos que llevaba conmigo (mochila, portatil, chaqueta y bolso). Me gustaba aquel espacio vacío y, sobretodo, me gustaba la idea de hacerlo mío, de darle un toque personal, de decorarlo a mi gusto y poco a poco ir llenando ese vacío. No, no pude tirarme en la cama tal y como quería, porque el colchón estaba un poco sucio y debía antes ponerle las sábanas que llevaba en la maleta. Lo haría después de hacerle una visita al señor Roca, que tantas horas sin haber ido al baño ya eran suficientes y mi vejiga no aguantaba mucho más. Menos mal que tenía baño propio en mi habitación y no tenía que compartirlo con nadie. Entré. Era un baño de metro cuadrado en el que se apiñaba todo: lavabo, WC y ducha. No me dio tiempo casi a nada, todo ocurrió muy deprisa. Entré, me miré al espejo y vi un mosquito. Alcé un poco la vista y vi otros tantos más y de repente miré hacia el techo y lo que vi me hizo salir corriendo de allí y cerrar la puerta. Era una plaga de mosquitos! Cientos y cientos debía haber allí concentrados. Lo que me faltaba! No sólo no podía descansar un rato, sino que encima tenía que solucionarme un problema que no me había buscado. Corriendo subí al piso de arriba a buscar a Lucía y pedirle ayuda, pero las dos solas no podíamos hacer nada. Había demasiados y no teníamos insecticida ni nada parecido. Entre tanto alboroto conocí a mi primer compañero de piso, Hao, un chico chino que, para mi gran orgullo, trabajaba en Microsoft. El pobre chico se asomó y asustó al ver mi cuarto de baño, más sacado de la peli de Jumanji que de cualquier otro sitio.

Bajé a pedir auxilio a la oficina, donde se rieron de mi desgracia, pues no creían que semejante cosa pudiera estar ocurriendo con tanta gravedad. Serían cuatro o cinco mosquitos, pensarían. Menos mal que un chico acudió en mi ayuda. Pagaría por ver de nuevo la cara de sorpresa que se le quedó al ver lo que estaba pasando, se quedó atónito y yo pensando que no estaba loca. Y permitidme que os diga que de todo en esta vida se aprende algo, tanto de lo bueno como de lo malo, porque yo en este caso aprendí algo: cómo decir "aspiradora" en inglés. Sí, sí, hablo en serio. La solución que me propuso este chico fue usar el "hoover". Yo no tenía ni idea de lo que significaba esa palabra, pero cuando me sacó la aspiradora del cuarto de limpieza mi cerebro hizo un pequeño hueco para incluir en la memoria esta nueva palabra que ya no se me olvida nunca. Es más, ahora que soy profesora de inglés, si algun día tuviera que enseñar esta palabra, mis alumnos no van a librarse de escuchar mi batallita.

En fin, todo acabó cuando mi nuevo héroe aspiró casi todos los mosquitos. Recogí todas mis cosas y me las llevé al piso de arriba. Aquella primera noche dormiría con Lucía, pues no tenía otra que "fumigar" mi habitación entera y esperar hasta el día siguiente para ir a recoger los cadáveres de aquellos insectos y poder empezar a deshacer mi maleta, hacer la cama y, sobretodo, disfrutar de mi baño.

Fue un curioso comienzo para una nueva etapa. Ahora lo recuerdo más bien como algo gracioso, pero creedme, en su momento a mí no me hizo ninguna gracia. Que mi primer paseo por aquel pueblo fuera para salir a comprar insecticida a toda prisa fue de todo menos agradable. A partir de ese momento se sucederían los días llenos de muchas más anécdotas que contar, pero eso lo dejo para otro momento. Hoy tan sólo quería traeros aquel primer día que pasé allí. Hay muchos otros días de los que no me acuerdo, pero este no se me olvida en la vida. A cada uno de los que estuvimos allí no se nos va a olvidar nunca ese primer contacto con el lugar o con la gente. Todos vivimos de forma diferente aquella primera vez, y a partir de entonces comenzamos a vivir un sinfin de cosas, pero esta vez juntos, cosas que cada uno contará a su manera, pero que todos compartimos y sentimos de igual manera.

Hoy, 16 de septiembre de 2010, no podía sentirme de otra manera. Hoy, tres años después, no podía pensar en otra cosa. Hoy, sintiéndolo mucho, me llena la nostalgia. Hoy, que nuestras vidas han tomado rumbos diferentes, me acuerdo de vosotros y me acuerdo de todo aquello con más fuerza que nunca. Hoy, con todo el cariño del mundo, os dedico esta entrada.

miércoles, 4 de junio de 2008

Fotos, luego hago la crónica

Fotos del fin de semana en Mullingar






















































sábado, 31 de mayo de 2008

Mañana nos vamos a Mullinghar

Por último hoy he de decir que mañana nos vamos tempranito a Mullinghar (creo que se escribe así), es el pueblo donde vive Eddie, el chico del cumpleaños y al que hoy hemos ido a comprarle algun regalito entre todos. Iremos, pasaremos el domingo todo el día, dormiremos allí y el lunes después de comer o así nos volveremos para Maynooth. Y eso, que estaré fuera mañana!!!

Barbacoa


Esta tarde nos hemos juntado un grupo numeroso de Erasmus en el campus sur, justo deltante del cementerio y hemos hecho una barbacoa. Lo malo es que a la hora o así de estar allí nos han echado los de la seguridad; pero tranquilos, que nos hemos cogido las cosas y nos hemos ido al campus norte a seguir, jejeje y de ahí ya no nos han echado ni nada. Eso sí, las brasas estaban endendidas y ha habido que llevarlas de un sitio a otro y creo que todos nos hemos impregnado la ropa de humo.... ha sido muy gracioso! jajajaja

Dublin, Phoenix Park y el zoo

Esta mañana nos hemos ido Myriam, Geles, Darragh (el compañero de piso irlandés de Myriam) y yo a Dublin a comprar unos regalos para Eddie (otro compañero irlandés de Myriam) porque es su cumpleaños y mañana nos vamos a celebrarlo. Hemos ido temprano y nuestra intención era ir luego a Phoenix Park tempranito, pero nos hemos entretenido en las compras y nos hemos tomado un té. Después nos hemos ido nosotras 3 a Phoenix Park a comer, tirarnos un rato al cesped y al rato nos hemos ido al zoo, que no ha estado mal la visita pero estaban todos los animales durmiendo!!! En fin, os dejo con unas cuantas fotos:











Tarde de cine


Pues nada, ayer nos fuimos Myriam, Geles y yo al cine a ver la peli de Sexo en Nueva York, la serie que me ha tenido enganchada varios meses aquí en Irlanda. Compramos las entradas deprisa y corriendo por internet, porque era el día del estreno y estaba lleno de gente, así que mejor reservar antes. Luego cogimos el bus para ir al centro comercial de Liffey Valley y nada, la peli empezaba a las 8:30 y eran 3 horas!!! Menos mal que para la vuelta nos llevaban a casa Daura y Julia en el coche que habían alquilado para estos días. La película genial, se entendía todo a la perfección y la verdad es que nos reimos muchísimo!

A ver si le sacais el parecido al oso....

Ayer fui al cine (ahora luego lo explico en otra entrada) y en los carteles anunciando películas había un oso panda, anunciando una peli de un oso que hace kung fu. Pues nada, me lo quedo mirando y digo "me recuerda a alguien"..... ¿le encontrais parecido? Por favor, gente en casa, le veis el parecido¿???????? jajajaja pongo la foto y más abajo diré quién es..... jijijiji Cara redondita, frente ancha porque no hay pelo.... jajajajaja...
Este oso se parece a ........ mi padre!!!! jajajajajaja
Papá, comenta en la entrada, comenta, jajajaja
Besos


miércoles, 21 de mayo de 2008

Irlanda fuera de Eurovisión


Al final Dustin el pavo, representante de Irlanda en Eurovision, no se ha clasificado para la final del sábado. La verdad es que siento un poco de decepción, como ayer la sintieron mis dos compañeros de piso irlandeses al ver en la tele que no se clasificaban. Ya sé que soy española y estoy con el Chiki Chiki a muerte, pero no sé, lo de anoche me dejó con mal sabor de boca porque este es mi segundo país, porque he vivido de primera mano toda esa ilusión que algunos tenían por ver al pavo ese allí cantando y porque la he perdido al igual que ellos al no haberse clasificado. No sé si entendeis lo que digo, pero yo me entiendo jajajaja

exámenes

Hace tiempo que no escribo y no cuento nada. Últimamente estamos tan agobiados aquí que no nos preocupamos de los pequeños detalles, jajaja La época de exámenes ha empezado, pero con ella una cuenta atrás para volvernos a España. Nos da mucha pena tener que irnos de aquí, pero lo que más rabia nos da es que nos queden apenas 3 semanas y que dos de ellas estemos hasta arriba de estudiar y de hacer trabajos. Nos paramos a pensar que tan sólo tendremos una semana de libertad y encima será de despedidas de gente a la que no veremos nunca más en la vida. Pero en fin, que intentamos pasar el tiempo lo mejor que podemos y de vez en cuando algun día hacemos alguna fiestecilla, que tanto estudiar nos está desquiciando. Y nada, esto resume los acontecido en los últimos días. Por lo demás, el lunes tuve mi primer examen y fue bastante bien. Las horas y días enteros en la biblioteca dieron sus frutos. Y ahora hasta la semana que viene que tengo dos, pero de eso mejor no hablar. Mejor centrarnos en otras cosas, como por ejemplo que ayer me fui de compras a Dublin y me compré cosillas de tema irlandés. Me explico. Compré películas irlandesas por la temática o por el lugar de origen, compré libros con la historia de irlanda (uno muy interesante sobre el alzamiento en 1916), discos de intérpretes irlandeses (uno de The Corrs en el que cantan en irlandés y tienen música tradicional irlandesa) y bueno, por último ropa, jajajaja Y nada, creo que eso es todo por ahora, ninguna novedad más.